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El paraguas amarillo

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13 13UTC mayo 13UTC 2013 por La lente violeta

paraguas-amarilloAquella mañana no desayunó en casa. Cogió un zumo de la nevera y un croissant de chocolate del cajón donde guardaban los dulces. Se miró de reojo en el espejo de la entrada. Agarró el paraguas amarillo de Lía y salió. Llovía. Se olvidó el beso. Se le escapó el 45 y no había marquesina en aquella parada del autobús.

Ese fue el principio del fin. Se olvidó el beso. Y así lo hizo un día y otro y otro… Y Lía se desliaba de su madeja de amor y empezó a tirar del hilo, alejándose… Y él no supo recogerlo. Oía sus pasos en el rellano y una pereza enorme le entumecía los brazos. Él entraba, ella salía. Ella hablaba y él callaba. Él leía, ella escribía. Ella soñaba y él dormía…

El hilo siguió alejándose y las escaleras del edificio se hicieron eternas y el trayecto en metro de camino a casa excesivamente breve. La línea azul se encogió. La estación de Diagonal se convirtió en refugio antiaéreo… Los bares se volvieron hogar y el antaño hogar se volvió desierto, silencio, campo de batalla ya pasada. En aquel piso de 40 metros cuadrados escasos ya no vivían ellos. Se estorbaban. No cabían. Poco espacio para tanta apatía, tantas cosas que nunca dijeron (como en la peli de Coixet), tantos recuerdos desdeñados, tanta rutina engordada a base de miedos, de dudas, de “yo, mi, me, conmigo”, de besos perdidos. El hilo de Lía se rompió.

– He encontrado tu paraguas.

– Quédatelo, Jordi.

– No, prefiero devolvértelo -. Quería decirle que no podía quedarse aquel paraguas, que le recordaba a ella, que le mataban los recuerdos, que prefería mil vidas de rutina con ella que una vida de pasiones y emociones en la que ella no estuviera… Pero no tuvo valor. Le pareció cursi.

– Como quieras. Si pasas un día por aquí, déjaselo al portero. Él me lo dará-. Quería decirle que viniera a tomar un café y que de paso se trajera sus maletas, sus cajas y sus manías… Que aquello no tenía sentido, que le quería… No dijo más.

– Perfecto. Cuídate.

– Igualmente, Jordi.

De repente, la realidad los arrasó y al teléfono se le hizo un nudo en la garganta.

* Relato presentado al concurso de relatos cortos de Sant Jordi de JoTMBé.
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4 pensamientos en “El paraguas amarillo

  1. Un cuento deliciosamente amargo que atrapa al lector desde la primera frase; que enreda con las emociones y los silencios, para dejarlos a la intemperie bajo una lluvia anunciada. Gracias.

  2. Gracias a ti por este precioso comentario, Yolanda. Un abrazo.

  3. joepad dice:

    Muy bueno. El final, estupendo, “…al teléfono se le hizo un nudo en la garganta.”

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