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Un mundo cambalache

15 de febrero de 2014 por La lente violeta

Hay canciones que no pasan de moda quizás porque el mundo no evoluciona a la velocidad que a muchxs nos gustaría y la justicia no llega o tarda demasiado en llegar.

Ese es el caso de Cambalache, el famoso tango de 1934 que describía la Década Infame en Argentina y que sigue describiendo con esmero la podredumbre de nuestras sociedades postmodernas de capitalismo financiero, consumo exacerbado, revolución digital, privatización, neoliberalismo, globalización, posfordismo y cápsulas anestésicas que aletargan los sentidos.

Solo hay que echarle un vistazo al magnífico cuaderno Cambio de época. ¿Cambio de rumbo?escrito por Oscar Mateos (podéis seguirle en su blog Todo es posible) y Jesús Sanz y ver algunos datos para darse cuenta del ingente trabajo que aún nos queda por delante:

– Sufrimos una refeudalización de las relaciones laborales en los países occidentales (en el resto nunca dejaron de ser feudales).

– El trabajo y las condiciones de vida son cada día más precarias porque así lo han promovido los Estados y los poderes fácticos de este planeta a base de políticas de austeridazo y leyes que nos amordazan. Lo expresa a la perfección la genial Judith Butler:

“(…) la vida exige apoyo y unas condiciones capacitadoras para poder ser una vida «vivible»” (Butler: 2010: 40), “(…) apoyos básicos que intentaran minimizar la precariedad de manera igualitaria; a saber, la comida, el cobijo, el trabajo, la atención sanitaria, la educación, el derecho a la movilidad y a la expresión, y la protección contra los daños y contra la opresión” (Butler: 2010: 41).

– El periodismo y los medios de comunicación en general se han vendido a los mercados. (Sobre esta cuestión recomiendo leer el artículo de Olga Rodríguez “Y entonces…, ¿para qué nos habíamos hecho periodistas?”).

– Se han incrementado dramáticamente los índices de pobreza.

– En España casi un tercio de la población se encuentra en riesgo de exclusión social y la clase media está desapareciendo progresivamente.

– El fraude, la corrupción y el descrédito de la clase política están a la orden del día.

Además, en medio de todo este despropósito, se está aprovechando la coyuntura para desandar el camino que tanto ha costado andar y a las mujeres se nos pretende devolver a fregar a las cavernas. Se nos intenta imponer una maternidad que quizás ni siquiera deseamos (algo que nunca se plantea nadie) para luego precarizarnos todavía más y poner freno a una igualdad laboral que ni siquiera hemos logrado alcanzar.

Pero llega un momento en el que hay que decir “¡Basta! Hasta aquí hemos llegado” y hacerlo a voz en grito y en las calles. Porque ¿cuánto sufrimiento y precariedad puede soportar una persona en silencio y agachando la cabeza? Me pregunto a menudo cuándo saltará la chispa en el Estado español, cuándo se cruzará la delgada línea roja (como está sucediendo en Bosnia en las últimas semana) que nos haga entender que nos están matando lentamente, cuándo llegará de verdad la primavera, cuándo pisaremos las calles nuevamente… Y no puedo contestarme a mí misma.

Porque como dicen Oscar y Jesús, hemos perdido la identidad de clase. El individualismo nos ha atomizado y hemos dejado que pisoteen nuestros derechos de ciudadanía casi sin pestañear. La cuestión final es si seguiremos dormidxs o despertaremos de una vez para decir basta a este tremendo cambalache. Porque como decía Concepción Arenal “todas las cosas son imposibles mientras lo parecen”. Y darle la vuelta a la tortilla es algo que está en nuestra manos.

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